viernes, 26 de noviembre de 2010

Desconsiderados

1:00 am. Sabi no ha pegado los ojos en dos noches, se siente cansada, débil, con hambre y mucho sueño. "¿A qué hora duermes?", solo esta frase la acompaña en su desvelo. Pero no puede dormir, no debe dormir, debe terminar lo que está haciendo, si duerme decepciona a todos, eso no debe pasar.
Pero, ¿por qué solo ella se amanece así?, ¿tan dedicada es ella? No, no lo es, solo que debe terminar, esa es su misión, su misión temporal.

2:30 am. ella sigue frente al ordenador, aún debe corregir muchas cosas, se queja, cierra los ojos, los vuelve a abrir, sale un momento, se moja la cara, vuelve otra vez, otra vez frente al ordenador, nuevamente a leer, necesita lentes, pero nadie lo sabe, o nadie quiere saberlo. No sabe qué hacer, la desesperación empieza a invadir su cuerpo, se siente sola, sin ayuda, solo queda un día para acabar, y mucho que hacer.

4:00 am. Sabi no aguanta más, las fuerzas abandonan su cuerpo, no ha comido nada desde la cena, le duelen los ojos, siente frío, siente de pronto un dolor extraño sobre el cuello, es el estrés. Sus párpados se cierran, no siente nada más, solo un pequeño empujón que la lanza sobre el teclado, un pequeño dolor y nada más. Está inconsciente.

5:30 am. Hora de levantarse, unos ojos preocupados la ven, "pobrecita, debe estar muy cansada". "Viejo, despierta, ayúdame a llevarla a su cama". Su padre la coge en los brazos, la dejan en su cama, "hay que dejarla dormir" dice su madre, su padre solo asiente.

8:00 am. Sabi no despierta, tiene clases, su madre se acerca a ella, la nota pálida, acerca su mano a su rostro y algo iesperado sucede... está helada.
Un grito de desesperación alarma a todos, llega su padre, su hermano, entre ambos la suben al auto, deben ir a un hospital.

Un ambiente tenebroso, con las típicas y frías paredes blancas, unas bancas a los lados, una puerta solitaria, y un sentimiento de angustia que invade el pasillo. ¿Qué sucede? ¿Cómo está? ¿Está bien? muchas preguntas salen de la boca de su madre, una madre que lleva los ojos hinchados de tanto llanto, una madre cuya voz se quiebra a cada instante.

Es increíble lo que ocurrió ahí dentro. Sabi estaba muerta. Había muerto mientras dormía hace ya tres horas. Frases y gritos dentro de la sala, un ambiente de tristeza había invadido el lugar, todos se sentían así, hasta el médico más seco e insensible que había.

"Señora, su hija está bien, ya está estable". Increíblemente la paciente recuperó el conocimiento luego de tres horas de muerta, nadie sabía cómo, era increíble y tenebroso, nadie puede sobrevivir a eso. Una joven de 16 venció a la muerte.
Solo una recomendación al salir del hospital: "Necesita reposo absoluto". Una frase muy usada por los médicos, pero necesaria en este caso.

Sabi llegó a casa, ni siquiera debía ver el computador, su madre le acercó el teléfono, debía llamar a sus compañeros:
-Chicos, no podré terminar el trabajo, que alguien más lo haga, no me siento bien.
-¿Pero por qué? Tú lo harías, te comprometiste a hacerlo. No seas falla.

Se sintió indignada, usada. No podía creer que aquellos a los que llamaba "amigos" la hayan tratado así, no entendieron, no preguntaron, solo reclamaron. No dijo nada más a la persona del otro lado de la línea, solo colgó estrepitosamente. Le pidió a su madre el móvil, llamó a otra amiga:
-Porfa, ¿puedes darme el número del profesor?

No tenía que pensar más, que se atengan a las consecuencias, ya no quería trabajar sola para que alguien más se lleve el crédito. Llamó al profesor, le explicó lo sucedido, pidió licencia para retrasarse en el trabajo y explicó que lo haría sola, que no había conseguido grupo.
Un "no te preocupes, descansa y mejora" le devolvieron la tranquilidad.
Decidió hacer caso... decidió descansar.

1 comentario:

  1. No entendieron, no preguntaron, solo reclamaron... sí pues muchas veces las personas se olvidan que también tenemos límites.

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