viernes, 30 de septiembre de 2011

Un poema más

La forma de querer tú

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera
el sí con el que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.

Jamás palabras, abrazos
me dirán que tú existías,
que me quisiste, jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú no.

Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.

Y estoy abrazada a ti,
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte solo yo.

Pedro Salinas

La primera vez que leí este poema fue en el año 2008, desde aquella vez lo he repetido miles de veces que se ha quedado grabado en mi memoria. Un amor no correspondido, un amor de lejos, muchos pueden dar distintas interpretaciones (depende de su estado emocional). Para mí... el destinatario de este poema ha ido cambiando, el significado que le otorgo no. Para mí... una forma de querer a distancia, un amor de uno, no correspondido: querer de lejos como le digo yo.



Pd: Siempre tuve miedo a saber que no me querías, rechazaba el solo hecho de pensarlo. Pero ahora... ahora te juro que me da igual.

martes, 27 de septiembre de 2011

Solo diez cosas.

Diez cosas que odio de ti:

- Odio que no me saludes cuando me ves pasar.

- Odio que me hables bonito un rato y luego me ignores.

- Odio que nunca me tomes en serio.

- Odio que pienses que sabes todo de mí.

- Odio que me encasilles en un tipo de persona.

- Odio que no seas detallista conmigo.

- Odio que te creas mejor que yo.

- Odio que tengas una sonrisa que me enamora.

- Odio que seas mi amigo.

- Odio que tengas muchas cosas para odiarte.


Diez cosas que odio de mí:

- Odio avergonzarme al verte pasar y no poder saludarte.

- Odio empezar a hablarte lindo y dentro de un rato arruinar todo con alguna tontería.

- Odio que a veces ni yo me tomo en serio.

- Odio pensar que sé todo o mucho de ti.

- Odio que generalmente encasillo a las personas en categorías.

- Odio ser demasiado detallista contigo.

- Odio pensar que en muchas cosas eres mejor que yo.

- Odio no tener algo que te enamore.

- Odio ser tu amiga.

- Odio odiarte y quererte a la vez.



Pd: Tenemos muchas cosas en común, pero sabes qué... odio que así sea.

martes, 6 de septiembre de 2011

¡Anilla no ha muerto!

Extracto del cuento La fantasma (Platero y yo - Juan Ramón Jiménez):

La mayor diversión de Anilla la Manteca, cuya fogoza y fresca juventud fue manadero sin fin de alegrones, era vestirse de fantasma. Se envolvía toda en una sábana, añadía harina al azucenón de su rostro, se ponía dientes de ajo en los dientes, y cuando, ya después de cenar, soñábamos, medio dormidos, en la salita, aparecía ella de improviso por la escalera de mármol, con un farol encendido, andando lenta, imponente y muda. Era, vestida de aquel modo, como si su desnudez se hubiese hecho túnica. Sí. Daba espanto la visión sepulcral que traía de los altos oscuros, pero, al mismo tiempo, fascinaba su blancura sola, con no sé qué plenitud sensual...

Nunca olvidaré, Platero, aquella noche de setiembre. La tormenta palpitaba sobre el pueblo hace una hora, como un corazón malo, descargando agua y piedra entre la desesperadora insistencia del relámpago y del trueno. Rebosaba ya el aljibe e inundaba el patio. Los últimos acompañamientos -el coche de las nueve, las ánimas, el cartero- habían ya pasado... Fui, tembloroso, a beber al comedor, y en la verde blancura de un relámpago, vi el eucalipto de las Velarde -el árbol del Cuco, como le decíamos, que cayó aquella noche-, doblado todo sobre el tejado del alpende...

De pronto, un espantoso ruido seco, como la sombra de un grito de luz que nos dejó ciegos, conmovió la casa...


Aquí comienza tu historia, Anilla:

... estábamos asustados y pensamos que Platero estaría igual, así que salimos a buscarlo. Lord, nuestro perro, iba adelante guiándonos. Cuando bajamos las escaleras vimos como dos sombras blancas se movían, nos asustamos mucho, así que salimos corriendo; de pronto me acordé de Anilla y me calmé un poco, pero ¿de quién era la otra sombra?, pensando en eso volví a correr, estuve a punto de subir las escaleras cuando escuché a Lord ladrar muy fuerte, tanto que podía dejarnos sordos.

Grande fue mi sorpresa, porque cuando me di vuelta ellos se quitaron las sábanas, sentí un gran alivio y llamé a los demás chicos, quienes al ver a Anilla y Platero se tranquilizaron. Era increíble que aquella niña en complicidad con nuestro burro Platero nos habían dado un gran susto. No teníamos nada que hacer, por lo que decidimos jugar a los fantasmas: cogimos unas cuantas sábanas, nos empapamos de harina la cara y empezamos a corretear por toda la casa. Al terminar estábamos tan cansados que con las justas llegamos a nuestras habitaciones para dormir. Cuando me proponía meterme a la cama escuché un fuerte chillido, bajé rápido a la sala donde ya se encontraban todos, pregunté qué habia pasado, pero nadie me daba razón, notaba que sus ojos estaban llorosos, había preocupación en ellos, me di cuenta entonces de que Platero no se encontraba, nadie lo había visto después del juego.

Sin notarlo una lágrima corrió por mis mejillas, tenía miedo por él y por mí, creí que había perdido a mi mejor amigo. Pero de pronto recordé que una vez mi madre me había dicho que cuando Platero se sentía solo, entonces iba a la colina que había detrás de casa: actuaba como un niño y por eso lo quería tanto... porque era como yo. Me paré deprisa y corrí hacia la colina, todos me siguieron, cuando llegué estaba ahí: Platero se había quedado dormido junto al pastizal en el que solíamos jugar hace años. Llegué hacia él y lo abracé, estaba tan feliz; pero tuve que soltarlo cuando Pedro empezó a gritar: ¡Anilla se ha desmayado! Volvimos hacia ella, me acerqué un poco y me pegó el susto de mi vida, pues en ese momento cogió mi mano y me abrazó. Los demás se nos unieron cuando vieron que no le había pasado nada malo.

Sin embargo, lo que Anilla me dijo me dejó una intriga inmensa "cuando buscábamos a Platero vi algo pequeño y blanco correr a toda prisa". Empecé a caminar por toda la casa para buscar pistas y cuando llegué al jardín vi una sábana tirada en el barro con muchas huellas en él. Recordé a Lord y me alegré tanto que fui corriendo a la habitación de Anilla y reuní a todos ahí. Les mostré la sábana y les expliqué mi teoría, pero esta vez todos se quedaron callados, era un silencio incómodo y me avergoncé mucho; afortunadamente Anilla se dio cuenta y aclaró que era cierto, pues lo que había visto era del tamaño de Lord, todos se mostraron más tranquilos y salieron de la habitación. Solo nos quedamos Anilla y yo, le agradecí y me mostró su más bella sonrisa, se levantó de la cama, se acercó a mí y me dijo "a que no me atrapas" y riendo empezó a correr.

TEC 2007, creadores de una nueva Anilla.

Pd: Barrohndez, nunca dejes de correr tras tus sueños, como Anilla en el final de mi cuento.

sábado, 3 de septiembre de 2011

En construcción

Una carátula negra, casi ploma realmente, aquel cuaderno que guardó tantos momentos de mi vida ahora es solo un objeto más. El amigo más fiel que tuve, el único incapaz de abandonarme, ahora no es más que un montón de hojas unidas por una vieja cuerda. El polvo lo cubre por completo, al igual que a mis memorias.

Hace ya más de tres años que no me tomo en serio esto de escribir. He navegado por una infinidad de lugares, he conocido a miles de personas, he hecho demasiadas cosas, pero deje atrás lo que más me importaba... la escritura. Un libro inconcluso y una idea suelta son lo único que que quedan de aquella niña que fui, ya no existe más la criatura soñadora que plasmaba en hojas de cuaderno lo que pensaba e imaginaba, todos los personajes de mis historias se han ido con ella.

Me acuerdo de aquel cuaderno y no puedo evitar sentir nostalgia, parte de mi vida está con él. Pero estoy decidida. Me he tardado, pero al fin estoy convencida de que quiero que así sea. Es casi medianoche, buen tiempo para cambiar, necesito regresar, realizar esos proyectos, revivir a mis inventos, darles forma.

El no volver a escribir fue mi decisión, errada, pero mía al fin y al cabo; ahora decido volver a empezar, necesito reestructurarme, mi mente, mis ideas, mis sentimientos... mi vida.

No busco ser escritora... solo soy alguien a quien le gusta escribir. Y mientras tenga un motivo para escribir... seguiré escribiendo... seguiré existiendo.


Pd: Tú formas parte de esos motivos. Y mientras sigas existiendo, seguiré creando para ti. Gracias por leerme.