martes, 6 de septiembre de 2011

¡Anilla no ha muerto!

Extracto del cuento La fantasma (Platero y yo - Juan Ramón Jiménez):

La mayor diversión de Anilla la Manteca, cuya fogoza y fresca juventud fue manadero sin fin de alegrones, era vestirse de fantasma. Se envolvía toda en una sábana, añadía harina al azucenón de su rostro, se ponía dientes de ajo en los dientes, y cuando, ya después de cenar, soñábamos, medio dormidos, en la salita, aparecía ella de improviso por la escalera de mármol, con un farol encendido, andando lenta, imponente y muda. Era, vestida de aquel modo, como si su desnudez se hubiese hecho túnica. Sí. Daba espanto la visión sepulcral que traía de los altos oscuros, pero, al mismo tiempo, fascinaba su blancura sola, con no sé qué plenitud sensual...

Nunca olvidaré, Platero, aquella noche de setiembre. La tormenta palpitaba sobre el pueblo hace una hora, como un corazón malo, descargando agua y piedra entre la desesperadora insistencia del relámpago y del trueno. Rebosaba ya el aljibe e inundaba el patio. Los últimos acompañamientos -el coche de las nueve, las ánimas, el cartero- habían ya pasado... Fui, tembloroso, a beber al comedor, y en la verde blancura de un relámpago, vi el eucalipto de las Velarde -el árbol del Cuco, como le decíamos, que cayó aquella noche-, doblado todo sobre el tejado del alpende...

De pronto, un espantoso ruido seco, como la sombra de un grito de luz que nos dejó ciegos, conmovió la casa...


Aquí comienza tu historia, Anilla:

... estábamos asustados y pensamos que Platero estaría igual, así que salimos a buscarlo. Lord, nuestro perro, iba adelante guiándonos. Cuando bajamos las escaleras vimos como dos sombras blancas se movían, nos asustamos mucho, así que salimos corriendo; de pronto me acordé de Anilla y me calmé un poco, pero ¿de quién era la otra sombra?, pensando en eso volví a correr, estuve a punto de subir las escaleras cuando escuché a Lord ladrar muy fuerte, tanto que podía dejarnos sordos.

Grande fue mi sorpresa, porque cuando me di vuelta ellos se quitaron las sábanas, sentí un gran alivio y llamé a los demás chicos, quienes al ver a Anilla y Platero se tranquilizaron. Era increíble que aquella niña en complicidad con nuestro burro Platero nos habían dado un gran susto. No teníamos nada que hacer, por lo que decidimos jugar a los fantasmas: cogimos unas cuantas sábanas, nos empapamos de harina la cara y empezamos a corretear por toda la casa. Al terminar estábamos tan cansados que con las justas llegamos a nuestras habitaciones para dormir. Cuando me proponía meterme a la cama escuché un fuerte chillido, bajé rápido a la sala donde ya se encontraban todos, pregunté qué habia pasado, pero nadie me daba razón, notaba que sus ojos estaban llorosos, había preocupación en ellos, me di cuenta entonces de que Platero no se encontraba, nadie lo había visto después del juego.

Sin notarlo una lágrima corrió por mis mejillas, tenía miedo por él y por mí, creí que había perdido a mi mejor amigo. Pero de pronto recordé que una vez mi madre me había dicho que cuando Platero se sentía solo, entonces iba a la colina que había detrás de casa: actuaba como un niño y por eso lo quería tanto... porque era como yo. Me paré deprisa y corrí hacia la colina, todos me siguieron, cuando llegué estaba ahí: Platero se había quedado dormido junto al pastizal en el que solíamos jugar hace años. Llegué hacia él y lo abracé, estaba tan feliz; pero tuve que soltarlo cuando Pedro empezó a gritar: ¡Anilla se ha desmayado! Volvimos hacia ella, me acerqué un poco y me pegó el susto de mi vida, pues en ese momento cogió mi mano y me abrazó. Los demás se nos unieron cuando vieron que no le había pasado nada malo.

Sin embargo, lo que Anilla me dijo me dejó una intriga inmensa "cuando buscábamos a Platero vi algo pequeño y blanco correr a toda prisa". Empecé a caminar por toda la casa para buscar pistas y cuando llegué al jardín vi una sábana tirada en el barro con muchas huellas en él. Recordé a Lord y me alegré tanto que fui corriendo a la habitación de Anilla y reuní a todos ahí. Les mostré la sábana y les expliqué mi teoría, pero esta vez todos se quedaron callados, era un silencio incómodo y me avergoncé mucho; afortunadamente Anilla se dio cuenta y aclaró que era cierto, pues lo que había visto era del tamaño de Lord, todos se mostraron más tranquilos y salieron de la habitación. Solo nos quedamos Anilla y yo, le agradecí y me mostró su más bella sonrisa, se levantó de la cama, se acercó a mí y me dijo "a que no me atrapas" y riendo empezó a correr.

TEC 2007, creadores de una nueva Anilla.

Pd: Barrohndez, nunca dejes de correr tras tus sueños, como Anilla en el final de mi cuento.

1 comentario:

  1. Espero que Anilla siga animátode a escribir...

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